sábado, 18 de noviembre de 2017

Mundo Unicornio

Hay unicornios que te hacen feliz para siempre y unicornios que te hacen feliz durante un tiempo. Luego están los que no saben hacer feliz a nadie, que no son unicornios, son pegasos, y hay que dejarlos volar lejos, muy lejos... Los pobres no tienen cuerno y no saben de sentimientos.

Una vez conocí a un pegaso, aunque al principio pensé que era un unicornio de los de felicidad infinita. Hablaba como un unicornio, reía como un unicornio e incluso amaba como un unicornio. Me invitó a subir sobre su lomo y me llevó volando junto al arco iris. Soñamos tumbaos en una nube, cabalgamos sobre varias estrellas y hasta dormimos en otro planeta del que recuerdo el nombre, pero era un planeta silencioso con un olor muy peculiar. No tenía dudas, era un buen unicornio.

Al día siguiente volví al lugar donde lo había conocido, quería que volviésemos a volar juntos. Pregunté a las flores, a la hierba, a los árboles, a alguna que otra piedra..., pero nadie lo había vuelto a ver. 

Supuse que algo le habría pasado, pues no es fácil volar y soñar junto a alguien en una nube y estaba segura de que él querría repetir. Pasé varios meses yendo al lugar donde lo vi por primera vez, pero mi unicornio no volvió a aparecer.

A pesar de su ausencia, mi mente lo recordaba todos los días: volábamos juntos, soñábamos juntos, cabalgábamos sobre nuevos planetas... Hasta que una tarde, una de esas en las que el corazón llora de tristeza, volví al lugar donde lo vi por primera vez y lo encontré tumbado sobre la hierba. Las lágrimas del corazón se secaron y la sonrisa estiró mi boca. Volvimos a volar juntos, pero esta vez fue distinto: volaba menos alto, apenas quiso tumbarse sobre las nubes -creo que tenía miedo a caerse- y ni siquiera llegamos a otro planeta. Fue entonces cuando me di cuenta de que no tenía cuerno, no era un unicornio, era simplemente un pegaso.

Pasé días y días pintándole la crin con los siente colores del arco iris, lavé sus ojos para que brillaran como los de un unicornio, froté su piel con paños de seda para que brillara como la de un unicornio, hasta le perfumé con olor de unicornio, pero no conseguí que en su frente creciera un cuerno de unicornio. 

Yo sabía que necesitaba a mi lado un unicornio con un cuerno lleno de sentimientos, y él sabía que sin esos sentimientos no sería lo suficientemente bueno para mí; así que lo dejé volar lejos, muy lejos. Quizás algún día aprenda a volar tan alto como un unicornio y consiga un cuerno lleno de buenos sentimientos. Si eso llegase a suceder, el arco iris le avisará de dónde puede encontrarme.

lunes, 4 de septiembre de 2017

Sota, caballo y rey

Desde hace tiempo ronda en mi cabeza la absurda idea de intentar comprender al género masculino, a pesar de que siempre he oído decir que ellos son simples y que las complicadas somos nosotras porque decimos una cosa cuando queremos decir otra, cambiamos constantemente de humor -sobre todo en esos días-, somos manipuladoras... En definitiva, somos un rompecabezas imposible de resolver. Pero, ¿cómo son ellos? Esta duda me surgió a principios de abril, al escuchar a una amiga decir con absoluta convicción: "los hombres son sota, caballo y rey, y ya está".

Abrumada ante una definición que pone el énfasis en la simpleza mental y espiritual del género masculino, empecé a cavilar sobre cuál sería la sota, cuál el caballo y cuál el rey; porque a veces, lo que parece simple no es tan simple, y lo que parece querer decir una una cosa puede querer decir otra, por eso es necesario ahondar en el mensaje superficial para llegar a la idea profunda de tan jugosa -aunque aparentemente simple- frase.

Para mí estaba claro que si lograba averiguar cuáles eran esa sota, ese caballo y ese rey, me convertiría en una "dominatrix", una "femme fatale", una diosa de la conquista, una seductora imparable e indañable, una rompecorazores-vengadora de todos aquellos que dañaron mi corazoncito puro y sincero.

Impaciente por resolver el misterio que me abriría las puertas del triunfo, comencé a observar a todo hombre que se cruzaba en mi vida: amigos, camareros, guapos dependientes de tiendas baratas, locos que se me acercaban para ligar -muy valiosos para este estudio-, locos que me encantaban y no se me acercaban, novios de amigas, novios  cornudos de amigas...

Después de varios meses de observación y riguroso análisis de los datos recopilados, la única conclusión a la que he llegado es que no sé distinguir a un hombre inmaduro de un hombre gilipollas. Es tan fina la línea que divide ambas cualidades, que a veces se difumina hasta el punto de lograr una interrelación en la que inmadurez y gilipollez interactúan al unísono.

Se podría pensar, y con justa razón, que he simplificado mucho la conclusión de tan exhaustivo estudio, así pues, para evitar caer en tal simplismo, procederé a describir -de manera escueta- algunos de los casos observados y anotados en mi cuaderno de análisis, para que sirvan de ejemplo y argumento de peso a favor de mi científica conclusión:

CASO 1: hombre (Sujeto A), conoce a  mujer semininfómana y loca (Luisa), y a la hora de conocerla se convierte en el tema de todas sus conversaciones. 
Conclusión: claro ejemplo de hombre inmaduro.

CASO 2: el Sujeto A logra mantener relaciones con Luisa -sin apenas esfuerzo-, la que anteriormente ha mantenido relaciones con varios amigos de dicho sujeto y con el propio hermano de este.
Conclusión: claro ejemplo de hombre gilipollas.
Dilema: Sujeto A, ¿inmaduro o gilipollas?

CASO 3: hombre (Sujeto B), intenta conquistar a mujer (Luna) hablándole de su exnovia.
Conclusión: claro ejemplo de hombre inmaduro.

CASO 4: el Sujeto B, al ser rechazado por Luna, tiene una cita con otra mujer para mantener relaciones con esta -logrando practicar el coito con la misma-, y se lo cuenta a Luna para provocarle celos y así despertar el interés por él. 
Conclusión: Claro ejemplo de hombre gilipollas.
Dilema: Sujeto B, ¿inmaduro o gilipollas?

CASO 5: hombre (Sujeto C) que tiene novia (Úrsula), la cual termina su relación con el Sujeto C para volver con su anterior novio. El Sujeto C asegura que Úrsula jamás le fue infiel.  
Conclusión: claro ejemplo de hombre inmaduro. 

CASO 6: el Sujeto C vuelve a iniciar una relación con Úrsula porque el exnovio por el cual le dejó  la ha mandado a paseo. El Sujeto C sigue afirmando que Úrsula jamás le ha sido infiel y ha vuelto con él -por segunda vez- por amor. 
Conclusión: claro ejemplo de hombre gilipollas.
Dilema: Sujeto C, ¿inmaduro o gilipollas?

Y así he documentado más de cien casos de hombres a los que, no solo no sé cómo calificar, sino que han hecho que entienda al género masculino menos de lo que lo  entendía cuando empecé a analizar su conducta. 

La única opción que me que queda es pedir ayuda y preguntar a mi querida amiga -autora de tan rotunda definición-, así como a todas las mujeres que deseen colaborar con su sapiencia, cuál es la sota, cuál es el caballo y cuál es el rey. 


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