Desde hace tiempo ronda en mi cabeza la absurda idea de intentar comprender al género masculino, a pesar de que siempre he oído decir que ellos son simples y que las complicadas somos nosotras porque decimos una cosa cuando queremos decir otra, cambiamos constantemente de humor -sobre todo en esos días-, somos manipuladoras... En definitiva, somos un rompecabezas imposible de resolver. Pero, ¿cómo son ellos? Esta duda me surgió a principios de abril, al escuchar a una amiga decir con absoluta convicción: "los hombres son sota, caballo y rey, y ya está".
Abrumada ante una definición que pone el énfasis en la simpleza mental y espiritual del género masculino, empecé a cavilar sobre cuál sería la sota, cuál el caballo y cuál el rey; porque a veces, lo que parece simple no es tan simple, y lo que parece querer decir una una cosa puede querer decir otra, por eso es necesario ahondar en el mensaje superficial para llegar a la idea profunda de tan jugosa -aunque aparentemente simple- frase.
Para mí estaba claro que si lograba averiguar cuáles eran esa sota, ese caballo y ese rey, me convertiría en una "dominatrix", una "femme fatale", una diosa de la conquista, una seductora imparable e indañable, una rompecorazores-vengadora de todos aquellos que dañaron mi corazoncito puro y sincero.
Impaciente por resolver el misterio que me abriría las puertas del triunfo, comencé a observar a todo hombre que se cruzaba en mi vida: amigos, camareros, guapos dependientes de tiendas baratas, locos que se me acercaban para ligar -muy valiosos para este estudio-, locos que me encantaban y no se me acercaban, novios de amigas, novios cornudos de amigas...
Después de varios meses de observación y riguroso análisis de los datos recopilados, la única conclusión a la que he llegado es que no sé distinguir a un hombre inmaduro de un hombre gilipollas. Es tan fina la línea que divide ambas cualidades, que a veces se difumina hasta el punto de lograr una interrelación en la que inmadurez y gilipollez interactúan al unísono.
Se podría pensar, y con justa razón, que he simplificado mucho la conclusión de tan exhaustivo estudio, así pues, para evitar caer en tal simplismo, procederé a describir -de manera escueta- algunos de los casos observados y anotados en mi cuaderno de análisis, para que sirvan de ejemplo y argumento de peso a favor de mi científica conclusión:
CASO 1: hombre (Sujeto A), conoce a mujer semininfómana y loca (Luisa), y a la hora de conocerla se convierte en el tema de todas sus conversaciones.
Conclusión: claro ejemplo de hombre inmaduro.
CASO 2: el Sujeto A logra mantener relaciones con Luisa -sin apenas esfuerzo-, la que anteriormente ha mantenido relaciones con varios amigos de dicho sujeto y con el propio hermano de este.
Conclusión: claro ejemplo de hombre gilipollas.
Dilema: Sujeto A, ¿inmaduro o gilipollas?
CASO 3: hombre (Sujeto B), intenta conquistar a mujer (Luna) hablándole de su exnovia.
Conclusión: claro ejemplo de hombre inmaduro.
CASO 4: el Sujeto B, al ser rechazado por Luna, tiene una cita con otra mujer para mantener relaciones con esta -logrando practicar el coito con la misma-, y se lo cuenta a Luna para provocarle celos y así despertar el interés por él.
Conclusión: Claro ejemplo de hombre gilipollas.
Dilema: Sujeto B, ¿inmaduro o gilipollas?
CASO 5: hombre (Sujeto C) que tiene novia (Úrsula), la cual termina su relación con el Sujeto C para volver con su anterior novio. El Sujeto C asegura que Úrsula jamás le fue infiel.
Conclusión: claro ejemplo de hombre inmaduro.
CASO 6: el Sujeto C vuelve a iniciar una relación con Úrsula porque el exnovio por el cual le dejó la ha mandado a paseo. El Sujeto C sigue afirmando que Úrsula jamás le ha sido infiel y ha vuelto con él -por segunda vez- por amor.
Conclusión: claro ejemplo de hombre gilipollas.
Dilema: Sujeto C, ¿inmaduro o gilipollas?
Y así he documentado más de cien casos de hombres a los que, no solo no sé cómo calificar, sino que han hecho que entienda al género masculino menos de lo que lo entendía cuando empecé a analizar su conducta.
La única opción que me que queda es pedir ayuda y preguntar a mi querida amiga -autora de tan rotunda definición-, así como a todas las mujeres que deseen colaborar con su sapiencia, cuál es la sota, cuál es el caballo y cuál es el rey.