jueves, 24 de marzo de 2016

Momento eterno

Un abrazo, una caricia,
roce del pecho al talón.
Mil besos, sabor, delicia,
fundidos..., ya no son dos.
Silueta petrificada,
el viento a su alrededor,
acordes ruborizados
sonando entre la canción.
Una mano en movimiento
continúa la labor,
rubor rojo desde el cuello,
no se oculta la tensión.
Las agujas se revelan,
dejan sin cuerda al reloj,
el tiempo ya se ha parado,
¡típica estampa de amor!

sábado, 19 de marzo de 2016

El camino de la felicidad

Lo que es imposible nunca podrá ser, pero lo que tiene que ser..., será.  Lo tuyo y lo mío –no sé si hay algo nuestro- parece que no puede ser…, y lo acepto. Así de simple y tajante, sencillo, banal…, así de fácil se encuentra el camino hacia la felicidad, aceptando lo que no puede ser y luchando por lo que sabemos que tiene que suceder.
   Cuesta, a veces,  asumirlo, duele dejar atrás el peso que nos impide avanzar por el sendero divino, pero lo que más  asusta es llegar al grado de madurez que ilumina el razonamiento acertado, ese que de un plumazo aparta la cortina de flores y abre las puertas de la serenidad.
   Y es que  en el camino de la felicidad el cariño no es amor, incluso a veces puede llegar a ser compasión, y quien por cariño acompaña pronto cambia de flor. El amor -es cierto- mueve el mundo, pero paraliza a los cobardes, porque la pasión dura un tiempo y el amor es eterno, eternidad infinita, demasiado para corazones pequeños –esos que yo ya no quiero-. Mejor amor con raíces profundas, amor, solo amor profundo en mi mismo suelo.
   No tardé mucho en descubrir que no todas las palabras son sinceras, ni todas las promesas verdaderas, y está claro, más que claro, que quien te falló una vez, te fallará una vez más y, cómo no, te fallará una tercera. Pero lo que sí me costó asumir es que el esfuerzo no siempre  da su recompensa, aunque sí deja siempre buenas secuelas; ¿acaso no es eso suficiente?
   Y analizando la confusión que hasta hace poco me nublaba la razón, descubrí que los zapatos que un día sonaron a música celestial hoy caminan con pisadas de verdugo decadente. Creí que eran de buena gente pero son zapatos de saldo, por eso es mejor dejarlos que se alejen tristemente con su mundo de mentiras, con su ego y sus espinas, que se marchen muy, muy lejos, donde ya no pueda verlos, donde los olvide mi mente.
   Yo encontré el camino de la felicidad, caminito que escondido se mostró frente a mis ojos y a los ojos de la gente, y me dijo con voz tenue que preguntara a mi alma y apuntase las palabras en papel porque, algo tan fácil como un escrito, sirve para cerrar una etapa..., lo difícil es escribirlo preguntando antes al alma.

domingo, 8 de marzo de 2015

¡Gracias!

Mi corazón latía apaciblemente como una procesión de Semana Santa; silencioso, acompasado, haciendo el mínimo esfuerzo para seguir en este mundo.
Mi mente permanecía en blanco, tranquila, sosegada, ejerciendo su papel solo cuando era imprescindible, sin mayor labor que la mera subsistencia. 
De repente, las puertas se abrieron y tu fugaz presencia me alteró todo el orden establecido: el corazón subió a la garganta, la garganta bajó al estómago, el estómago subió la cabeza, la cabeza llamó al sudor, el sudor salió por las manos, las manos tocaron la frente, la frente empezó a pensar, los labios se secaron, la lengua no podía hablar… Eras tú y solo tú en medio de aquella estancia borrosa quien me despertó ese día. Aún tiemblo y siento miedo pero…,¡gracias por devolverme a la vida!

martes, 11 de marzo de 2014

Así

Lejos de tus garras,
lejos de tu dios,
cerca de tu mente,
dentro, en tu interior.


miércoles, 5 de marzo de 2014

Un poema positivo

Deja tu cuerpo,
alza tus manos,
vive en silencio,
sigue escuchando.

Siente el aroma,
envuelve tu alma,
fluye en la brisa,
mece la calma.

Mira el remanso,
sigue su paso,
suelta la mente,
coge su estado.

lunes, 3 de marzo de 2014

Zapatos nuevos

No hay nada como estrenar unos buenos zapatos, levantarse una mañana, abrir la caja como si algo mágico fuese a ocurrir, como si te esperase una gran sorpresa –aunque sepas que ahí solo hay un par de zapatos-, como si esos zapatos te estuvieran esperando para decirte algo, como si…

Entonces los coges, los hueles –mmmm, huele a nuevo-, no sin antes acariciar su suela. Sí, sí, está lisa, totalmente lisa, ni una rozadura, ni una mancha, ni una pequeña piedrecita. Sabes que tú eres la primera, su virginidad te pertenece. Y ahora sí, llegó el gran momento, ese esperadísimo momento, tu momento de gloria absoluta. Arrancas el plástico de la suela como vagina expropiada de su integridad al arrancarle su membrana y, ¡ta, ta, ta, chan!, tus pies ya están dentro de ellos. Qué sensación, cuánta paz, están un poco fríos pero no importa, un minuto de espera y comenzarán a estar calentitos.

Así, con tu pie a temperatura estándar, comienza la rueda de reconocimiento. Todo el mundo sabe que no es lo mismo verlos de frente que de perfil, y mucho menos de perfil por el lado interno que de perfil por el lado externo, por eso es absolutamente necesario mirarlos desde distintos ángulos. Ya te has mirado los pies durante unos diez minutos y corres hacia el gran espejo –que sea de cuerpo entero, aunque solo vayas a mirarte los pies-, pues solo él podrá darte el visto bueno; eso sí, que no se entere de que llevas varios días decidiendo con qué ropa combinarían mejor, pues quedaría poco profesional que alguien como tú dudase de que la adquisición de esos zapatos se hizo sin tener en cuenta la ropa de tu armario.

Definitivamente has acertado, tu espejo lo confirma, te sientes más alta, más estilizada, más bella, más atractiva…, sí, hoy estás cañón. Y es en ese preciso instante cuando sientes que ya estás lista para salir a la calle. Cierras la puerta de casa y, mientras giras la llave, te miras los pies –tus nuevos zapatos no merecen menos atención-, sin duda son los responsables de que hoy brilles como una estrella.

Una vez en la calle, comienzas a andar y, bueno, no son demasiado cómodos pero son nuevos. Ya se adaptarán a tus pies, solo te rozan un poquito, aguantarás, es muy poquito. Quizás si les pones una plantilla…, o tal vez si llevases un calcetín más fino, aunque es invierno y puede que pierdas la sensibilidad de algún dedo. Total, si tampoco pensabas ponértelos mucho. Qué más da, los compraste porque llevabas toda tu vida esperando unos zapatos así, sí, toda tu vida, tú los habías imaginado pero hasta ahora no habían sido creados. 

Lo importante es que son nuevos y sabes que gracias a ellos ahora estás más cerca de esas malditas modelos que los lucen con tanto glamour, con esos trajes que solo sirven para salir a la pasarela porque mezclan jerséis de lana con bikinis de licra, botas de invierno con shorts sin medias, abrigos de paño de manga corta con camisas de seda, forros polares con sandalias…, y es que se ven tan monas.

En ese momento miras tus zapatos nuevos y te das cuenta de la realidad, ya eres una chica “fashion”, ya vas a la última, tu “outfit” es perfecto, con ese “look boho” estás “in”, tus pies llevan un “must”, un “it” y todos esos anglicismos que te dijeron: “¡cómpralos, cómpralos, cómpralos!”. Hasta tu forma de andar ha cambiado, y no porque ese pequeño rocecito esté mutando a gran ampolla, sino porque hoy puedes comerte el mundo, nada puede fastidiarte el día, hoy estrenas zapatos.

miércoles, 12 de febrero de 2014

Hoy comienza mi andadura

Así es, hoy comienza mi andadura como bloguera. Después de más de dos años desempleada, he decidido hacer algo que me gusta, me entretiene y es más barato que un psicólogo: escribir mis paranoias.

Estaré encantada de recibir comentarios, críticas, correcciones y, sobre todo, de que os divirtáis con mis escritos.


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