domingo, 10 de octubre de 2021

Måneskin también es poesía

   “Que ya no se lee poesía, que la poesía es cosa de los antiguos, de Bécquer, Quevedo y esa gente…” Este fue el comentario que escuché anoche en un bar del barrio madrileño de Lavapiés. Tal mensaje salió de la boca de un adolescente que expresaba su opinión a quienes parecían ser sus colegas mientras le daba un trago a su tercio de Alhambra. No sé si me dejaron más sorprendida sus palabras o el hecho de que llevase una camiseta con el logotipo de Måneskin, un grupo italiano de rock, estampado en la parte delantera. ¿Cómo puede alguien llevar en su pecho auténtica poesía pero a la vez negar que esté de moda? Sin duda, magnífica contradicción que me lleva a preguntarme si realmente ese es el pensamiento de la mayoría de las nuevas generaciones. Sinceramente, no lo creo; no puedo creerlo. La poesía es una expresión de sentimientos acompañada de ritmo; la poesía es intentar plasmar en un papel lo que de nosotros solo conoce nuestra alma, nuestros pensamientos más íntimos; la poesía es libertad de expresión, desahogo, emoción, tristeza, rabia, felicidad… ¿Cómo podríamos seguir siendo humanos sin todas esas sensaciones?

   Tal vez el problema esté en la enseñanza, en la manera en que a veces se explica la poesía, como algo lejano en el tiempo, con un lenguaje enrevesado como el de Góngora o como el pesar de un enamorado como Neruda o Bécquer. Sí, eso es poesía, pero la poesía no solo está en los versos de un poema, la poesía vive en las pintadas de las fachadas de edificios, en las canciones –y no solo en las de amor-, en los anuncios publicitarios... Y es que la poesía no nació para leerse, nació para cantarse, para recitarse en público con ritmo, armonía y musicalidad;  y hoy, gracias a grupos como  Måneskin, se sigue cantando.

   Al igual que la literatura italiana sedujo a nuestros literatos renacentistas, entre otras cosas,  por la musicalidad de su lengua y por composiciones como la terza rima, la lira o la silva; Måneskin, ese grupo formado por cuatro adolescentes italianos, está triunfando por toda Europa con su poesía, esa dulce poesía que nos emociona con historias como la de “Coraline”. Las entradas para sus conciertos se agotan en apenas horas, los recintos donde actúan se llenan de gente que desgarran sus gargantas porque quieren que se les oiga -a pesar de no tener el micro de Damiano- sin darse cuenta de que están recitando poesía, ¿o acaso no es poético escuchar cómo miles de personas gritan a la vez “for your love I’ll do whatever you want”? Muchos se preguntan quién es esa Marlena que “torna a casa”, y es que, al igual que Garcilaso con su “Elisa” o Lope de Vega con su “Lucinda”, los Måneskin también tienen su musa, sienten amor, miedo –aunque no “la paura del buio”-, inconformismo ante la vida…, un huracán de sentimientos que expresan a través de la música, esa música que desde hace siglos envuelve la poesía y hace que la encuadremos en ese género conocido como lírico.

   Es maravilloso ver cómo cuatro jóvenes sienten esas ansias de mostrarle al mundo su poesía, de recitarle versos a los que adornan con una vestimenta rompedora que no es de hombre ni de mujer, sino de personas. Frases como “perché la vita senza te, non può essere perfetta” bien podrían haber pertenecido a Neruda, Lorca e incluso ese mismo sentimiento se encuentra en la “Égloga I” de Garcilaso, ese español al que tanto le influyó Petraca.

   Demasiados valores, demasiadas expectativas puestas en un grupo de rock cuyos miembros han tenido que recordarnos que solo tienen “vent’anni”.

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