Tal vez el problema esté
en la enseñanza, en la manera en que a veces se explica la poesía, como algo
lejano en el tiempo, con un lenguaje enrevesado como el de Góngora o como el
pesar de un enamorado como Neruda o Bécquer. Sí, eso es poesía, pero la poesía
no solo está en los versos de un poema, la poesía vive en las pintadas de las
fachadas de edificios, en las canciones –y no solo en las de amor-, en los
anuncios publicitarios... Y es que la poesía no nació para leerse, nació para
cantarse, para recitarse en público con ritmo, armonía y
musicalidad; y hoy, gracias a grupos como Måneskin,
se sigue cantando.
Al igual que la
literatura italiana sedujo a nuestros literatos renacentistas, entre otras
cosas, por la musicalidad de su lengua y por composiciones como la
terza rima, la lira o la silva; Måneskin, ese grupo formado por
cuatro adolescentes italianos, está triunfando por toda Europa con su poesía,
esa dulce poesía que nos emociona con historias como la de “Coraline”. Las
entradas para sus conciertos se agotan en apenas horas, los recintos donde
actúan se llenan de gente que desgarran sus gargantas porque quieren que se les
oiga -a pesar de no tener el micro de Damiano- sin darse cuenta de que están
recitando poesía, ¿o acaso no es poético escuchar cómo miles de personas gritan
a la vez “for your love I’ll do whatever you want”? Muchos se preguntan quién
es esa Marlena que “torna a casa”, y es que, al igual que Garcilaso con su
“Elisa” o Lope de Vega con su “Lucinda”, los Måneskin también
tienen su musa, sienten amor, miedo –aunque no “la paura del buio”-,
inconformismo ante la vida…, un huracán de sentimientos que expresan a través
de la música, esa música que desde hace siglos envuelve la poesía y hace que la
encuadremos en ese género conocido como lírico.
Es maravilloso ver cómo
cuatro jóvenes sienten esas ansias de mostrarle al mundo su poesía, de
recitarle versos a los que adornan con una vestimenta rompedora que no es de
hombre ni de mujer, sino de personas. Frases como “perché la vita senza te, non
può essere perfetta” bien podrían haber pertenecido a Neruda, Lorca e incluso
ese mismo sentimiento se encuentra en la “Égloga I” de Garcilaso, ese español
al que tanto le influyó Petraca.
Demasiados valores,
demasiadas expectativas puestas en un grupo de rock cuyos miembros han tenido
que recordarnos que solo tienen “vent’anni”.
No hay comentarios:
Publicar un comentario