Y te fuiste sin más,
cobarde disfrazado
de hombre, de valiente, de leal.
Ni un giro de cuello,
ni un paso atrás,
huyendo como perro amedrentado
por la sombra de tan alto pedestal.
Cabeza disecada,
virilidad escasa,
pequeño todo en ti,
grande tu ignorancia.
¡No!, ¡detente!, ¡no vuelvas!,
¡no oses regresar!
Aquí nadie te extraña,
escoria ponzoñosa,
ahora vivo en paz.
No hay comentarios:
Publicar un comentario