lunes, 29 de noviembre de 2021

En el andén

No sé si alguien siente lo mismo que yo cuando sube a un tren pero, a pesar de llevar 22 años haciendo el mismo recorrido, no dejo de sentir esa explosión de sentimientos cada vez que me siento en el sillón y miro por la ventanilla antes de que empiece a moverse. Siempre es lo mismo, gente que mira de fuera a adentro aunque sabe que el contraste de luz no les va a dejar ver nada, gente de dentro y de fuera que acerca su cara al cristal buscando despedirse una vez más con algún gesto cariñoso, y gente como yo –supongo que habrá más- que recordamos a esa persona que vimos por última vez en ese anden de baldosas rojas tirándome un beso y diciéndome adiós para siempre.

En ese andén y en ese banco de piedra hemos vivido muchos momentos, como aquel en el que nos despedimos la primera vez que mamá ya no estaba con nosotros y nos prometimos hablar por teléfono todos los días de nuestras vidas para asegurarnos de que los dos estábamos bien. Y así lo cumplimos durante más de un año hasta que tú, cansado de tantas despedidas y de verme partir tantas veces, decidiste que ya era hora de marchar con mamá.

Nadie imagina que yo, cada vez que vuelvo a Madrid, desde el asiento de ese tren parado, siempre miro por la ventanilla y te veo diciéndome adiós, y dentro de mi cabeza repito: “No te preocupes, papá, cuando llegue a casa te llamo para que sepas que he llegado bien”.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

cookieOptions = {msg: "Esta sitio utiliza cookies. Si sigues navegando, entendemos que aceptas estas condiciones de uso", close: "Acepto", learn: "Más información", link:"URL_POLÍTICA_COOKIES"};